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Gaceta Regional 23-08-87

El “doping” en el mundo del deporte

Desde el dopado precompetitivo, hasta el dopado regenerador

Cidón Madrigal es doctor en Medicina Homeopática por la Universidad de Lausana (Suiza), es un consumado especialista en Medicina deportiva, habiendo tratado a multitud de atletas elevados al cenit de la competición más elitista, incluyendo entre sus pacientes a un medalla de oro olímpico. Su experiencia y sus conocimientos ponen en entredicho el alto precio que muchos de estos deportistas deben pagar para conseguir sus fines. Un mundo ciertamente alucinante, corto en el tiempo, y en algunos casos desaprensivo.

Se denomina dopado o doping al empleo previo y durante la competición de todas las sustancias o medios destinados a aumentar artificialmente el rendimiento deportivo, en detrimento potencial de la ética deportiva y de la integridad física y psíquica del deportista.

Este término nuevo no debe hacernos olvidar que su práctica es tan vieja como la humanidad: los hombres siempre han esperado, y siguen haciéndolo ahora, conseguir potenciar sus posibilidades… sin un esfuerzo por su parte.

El dopado ha adquirido en el mundo del deporte un lugar privilegiado, debido a la cantidad de accidentes graves e incluso mortales provocados por su uso, ha obligado a intervenir su empleo en los reglamentos (regla 29 de la Carta Olímpica).

La mayoría de las sustancias químicas utilizadas en la actualidad como agentes dopantes son medicamentos desviados de su empleo terapéutico y dotados de efectos potencialmente peligrosos.

El deportista puede estar tentado a doparse:

  • antes de la competición
  • en el transcurso de la competición.
  • después de la competición, se trata aquí de un dopado regenerador o reconstituyente, que favorece una recuperación más rápida después del esfuerzo deportivo.

Dopado precompetitivo

La trepidante carrera hacia la superación de las marcas ha llegado a un punto en que ya es totalmente imposible para un individuo aspirante a la gloria deportiva presentarse a una prueba de categoría sin que medie una larga preparación de varios años. No es de extrañar que numerosos deportistas no hayan resistido la atracción de doparse en su afán de reducir el tiempo de este prolongado y áspero período de preparación.

Este dopado utiliza primordialmente los anabolizantes (testosterona u hormona masculina, dihidrotestosterona esteroides, etc.) que provocan un aumento de las masas musculares. Debido a estas accione son profusamente empleados por los lanzadores de peso y los halterofílicos.

Sin embargo, debemos llamar la atención de los deportistas hacia los graves peligros inherentes al empleo prolongado de los anabolizantes, consistentes en la aparición de un tumor prostático, atrofia testicular, trastornos del comportamiento, agresividad, desequilibrios hidroelectrolíticos, trastornos hepáticos graves, y otros varios, sin olvidar la posibilidad de un efecto virilizante en la mujer. Además la hipertrofia muscular debido a los anabolizantes no se acompaña de un aumento en la resistencia tendinosa, de lo que resultan accidentes frecuentes de tendinitis y roturas tendinosas.

Dopado durante la competición

Entretanto a la competición, el deportista ha de vencer dos dificultades:

  • Una de orden psicológico: el pánico paralizante o dicho en términos científicos, el bloqueo nervioso que impide la liberación de la energía necesaria para el esfuerzo físico.
  • Otra de carácter fisiológico; la aparición de fatiga en el curso de la competición, que disminuye progresivamente la intensidad del esfuerzo. A estos dos obstáculos se añade la televisión, la masa de público sobreexcitado y los adversarios. Todo este ambiente transforma al deportista en “un fenómeno o super crack” que no puede ni debe decepcionar. A veces este fuerte compromiso en el cual le está prohibido el fracaso le lleva en contra de su conciencia hacia el dopado con variable intencionalidad.

Dopado con intención calmante

Permite al deportista calmar el efecto nefasto de la emoción, la ansiedad y la excitación incontrolable que se presenta en vísperas de una competición de importancia decisiva.

Entre los medicamentos más utilizados dentro de este grupo destacan.

  • Los hipnóticos barbitúricos, que a través del descenso de la vigilancia determinan somnolencia.
  • Los tranquilizantes, reductores de la tensión emocional.
  • Neurolépticos, que disminuyen la excitación psicomotriz y los trastornos psicóticos. Estos medicamentos, que por sí mismos no son nocivos, pueden no obstante suscitar peligros en la práctica deportiva, por ejemplo accidentes en cascada en los pelotones ciclistas debido al descenso de la vigilancia. Sin embargo, el verdadero peligro de estos fármacos reside en el hábito y en la dependencia psíquica que generan.

Dopado con intención estimulante

Es muy importante debido al impresionante número de fármacos utilizados y al alto porcentaje de deportistas que recurren a ello. Dentro de este grupo destacan los estimulantes del sistema nervioso central, siendo los más utilizados las anfetaminas y derivados. Fueron sintetizados en la década de los años 30 y tuvieron su época gloriosa durante la Segunda Guerra Mundial, al ser utilizados por numerosos aviadores para poder estar en condiciones de luchar durante varios días seguidos sin descanso. Las anfetaminas incrementan la vigilancia y enmascaran los signos de fatiga provocando un estado de euforia. Sus efectos secundarios crean numerosos trastornos como: insomnio, irritabilidad, agotamiento nervioso, taquicardias e incluso colapso, como en el caso de la muerte del ciclista Tom Simpson en 1967, cuando subía por las rampas del Mont Ventoux. Realmente, las anfetaminas incrementan la temperatura corporal y, al asociarse con el esfuerzo intensivo y el elevado calor ambiental, pueden crear un verdadero riesgo mortal, por rebasar la capacidad compensadora de la termorregulación orgánica.

Existen otros estimulantes débiles como las bases xantínicas (cafeína, teobromina, teofilina). ¿Quién no ha experimentado los efectos estimulantes del café o del té? La ingestión abusiva de estas bases xantínicas ocasiona numerosos trastornos cardíacos y nerviosos. Al no estar clasificados entre los productos dopantes prohibidos, su empleo está ampliamente difundido en el ambiente deportivo. En los Juegos Olímpicos de invierno celebrados en Lake Placid en el año 1980 se comprobaron en algunos participantes niveles sanguíneos de cafeína correspondientes a la absorción de un mínimo de 150 tazas de café.

Otro grupo de estimulantes utilizados frecuentemente por los deportistas es el de los glucorcorticoides, que al actuar en la transformación de ciertos aminoácidos en glucógeno permite un aporte suplementario de glucosa a los músculos. Se añade a este efecto el de la euforia potenciada. Por desgracia, las restantes acciones de los glucocorticoides entrañan un peligro muy grave para el deportista. Por de pronto, el aumento del catabolismo protídico asociado a la perturbación del cociente fosfocálcico conlleva al riesgo importante de fracturas. Además, la acción inmunosupresora deprime las defensas generales del organismo, introduciendo un riegos de infección muy grave para el deportista.

Dopado con intención antálgica

La aparición de dolor por fatiga o accidente muscular (elongación o desgarro de fibras musculares) obliga muchas veces al deportista a abandonar el esfuerzo deportivo o, por lo menos, a disminuirlo. Con el fin de superar estos inconvenientes, el deportista y sus cuidadores recurren a la utilización de analgésicos de tipo morfínico, que en algunos casos como los boxeadores, que utilizan productos para suprimir el dolor, convierten cada combate boxístico en un acto criminal.

Dopado regenerador

Se emplea sobre todo en ciclismo, durante las carreras por etapas y en las grandes reuniones de varias jornadas. EL objetivo buscado es el de permanecer en las mejores condiciones posibles. Por consiguiente, el deportista intenta recuperar fuerzas lo más rápidamente posible, pensando que el reposo y el sueño reparador constituyen la terapia óptima. Sin embargo, el estado de nerviosismo que domina al deportista en esta clase de pruebas le imposibilita a menudo para obtener el anhelado reposo. En esta situación vuelve a sentirse impulsado a tomar medicamentos.

Conviene recordar a este respecto que la utilización de hipnóticos durante largos períodos y en grandes dosis representa una toxicomanía, dado que la mayor parte de estos fármacos provocan un estado de obnubilación cerebral al despertar.

El deportista se siente entonces tentado a tomar estimulantes por la mañana para poner a punto más rápidamente sus fuerzas. Con ello se cierra el círculo vicioso y así no tarda en llegar el hundimiento físico y moral.

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Última Actualización: 20/11/2017


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Última actualización: 20/11/2017